El destape

Por: Luis Fajardo Velázquez

Asunto 1

Cada partido político al constituirse como gobierno adquiere sus propias características y rituales específicos. El régimen presidencialista del siglo pasado se “perfeccionó” a lo largo de más de 70 años. Tenían una estructura piramidal-vertical para la toma de decisiones, el ejecutivo federal también dirigía al partido, nadie contradecía al presidente, etc.

Ya para el presente siglo el PAN quizá por querer hacer las cosas distintas (o por falta de intenciones y oficio político), empezó a cambiar las reglas no escritas. Los secretarios de estado empezaban a tener voz propia, el presidente dejaba de comportarse de manera tan institucional y parecía tener un contacto más directo con la ciudadanía.

En lo particular, las reglas de sucesión fueron semejantes para ambos partidos. A final de cuentas no importaban las encuestas, las preferencias de la sociedad, ni nada por el estilo, el único que podía dar el visto bueno era el presidente.  Sólo que a este personaje le gustaba “jugar” con la caballada y despistar a la gente, aunque su corazón ya estuviera ocupado por alguien.

El actual partido en el poder parece que quiere imponer un nuevo tipo de reglas políticas para la sucesión. Ir a la mitad del mandato presidencial significa – creo yo- sentirse magnánimo y todopoderoso pues todavía hay un buen tiempo para poder imponer y trabajar por las propias ideas. Sin embargo, al parecer la sucesión presidencial acaba de comenzar justo a la mitad de la actual administración federal.

¿Por qué el presidente permite que alguien le haga “sombra” desde 2021?  Será que como se sabe dueño de todos los reflectores prefiere aprovechar la situación para, en un futuro, empezar a condicionar el voto. Tal vez. También es posible que crea que ya se hizo todo lo que se podía hacer como gobernante y que se sienta satisfecho (este escenario lo considero prácticamente imposible, pero uno nunca sabe).

Lo que creo que generará es que los actuales servidores públicos se desconcentren de sus actividades. Seguramente más de uno ya empieza a soñar con ser el elegido y hará todo lo posible por descarrilar a sus posibles adversarios.

Y, dicho sea de paso, ¿la oposición que dice de todo esto? Al parecer, y hasta el momento, absolutamente nada. Tengo la muy rara impresión de que no están pensando en 2024 sino, por el contrario, en 2030. Es decir que ya todos dan por descontado que seguirá el mismo partido en el poder.

Asunto 2

Sea quien sea el candidato (o los candidatos) hay dos temas fundamentales que me parece no se pueden hacer a un lado. El primero, es que deben buscarse políticas públicas, leyes, acuerdos para mejorar los salarios y hacerlos más competitivos. Como buena aspiracioncita que soy veo con mucha preocupación que la llamada “clase media” está desapareciendo. Son pocos – por no decir que nulos los apoyos gubernamentales para poder salir adelante (y mucho más en estos tiempos pandémicos).

Como segundo punto es también necesario pensar en cómo veremos el Covid a futuro. Ojalá que para dentro de tres años ya hayamos salido de esta pesadilla y que sólo nos quede como un mal recuerdo. Pero por si acaso la situación sigue igual (o peor), es necesario analizar qué es lo que se va a hacer y cómo (con)viviremos con este mal.  ¿Las clases serán 100% en línea? ¿Se implementará un sistema hibrido?  ¿El home office ya será regla general para las empresas? ¿Quién y cómo se decidirá esto?

Resumiendo lo anterior. Ya estamos en tiempos de dimes y diretes de la política nacional. Habremos de ver cómo se comportan los aspirantes a puestos de elección popular y las alianzas que construyen y también las traiciones.

Independientemente de todo debemos fijarnos en las propuestas para la reducción de la pobreza y el combate al Covid.

A ver qué pasa.

Hasta la próxima

Luis Fajardo Velázquez

luisefeve@hotmail.com