Andrea Monjardin Salcedo

El 12 de enero de 2010 a las 16:53:09 Haití experimentó un desastre natural que llevó las miradas de todo el mundo hacia la isla caribeña. El nivel de alcance de los medios de comunicación llevó no solamente la noticia del terremoto a todo el mundo, sino que consternaron a la comunidad internacional al percatarse del nivel de vida marginal predominante en el país.

El contexto socioeconómico y político de Haití no ha hecho más que debilitarse desde hace más de dos siglos, iniciando desde su época como colonia francesa ya que eran la principal fuente de esclavos, quienes eran explotados masivamente tanto dentro -en las plantaciones de cacao y café- como fuera del territorio, siendo exportados a otras regiones del mundo.

La ex colonia francesa parece haber sido condenada a la catástrofe, ya que ni siquiera tras su independencia ha tenido un respiro de la presión externa. El proclamar su independencia y obtener la liberación de su estatus como esclavos, les costó a los haitianos una indemnización irracional, si se asocia con las posibilidades económicas de un país cuya principal fuente de ingreso era la esclavitud. Dicha compensación nunca se terminó de pagar, de hecho, fue redimida en el año de 1938, no obstante, para este momento el país ya estaba sobrepasado por las deudas externas de préstamos solicitados para cumplir con este compromiso financiero.

Como todo país perteneciente a la unión de Latinoamérica y el Caribe, en Haití las dictaduras también tuvieron un fuerte papel en su historia, y es que a mediados del siglo XX la dictadura de Duvalier tomó presencia en la isla como una de las más sangrientas de la región, además detonó fuertes impactos en la política y la economía haitiana, que hasta la fecha siguen sin poder ser solucionados. La dictadura de Duvalier sostenía una estrategia de analfabetismo sobre su población, con el fin de que las personas no se involucraran en asuntos políticos, por lo que por más de treinta años no hubo un desarrollo como tal en el país y los índices de violencia no hacían más que crecer. Bajo el mando de las fuerzas armadas y con un creciente nacimiento de instituciones políticas y sociales, en 1986 se dio fin a la dictadura del entonces hijo de Duvalier, Jean-Claude Duvalier, y se consolidó al ejército como la institución más importante del país.

Para finales del siglo XX suceden dos acontecimientos que vienen a repercutir fuertemente en el estilo de vida marginal de la situación haitiana; por un lado, se presenta la consolidación de la Iglesia como una de las instituciones más fuertes de la región, apropiándose de la educación de los pocos haitianos que podían acceder a esta, así como de intervenir en la esfera privada tornando a la familia en una institución regida por los principios religiosos. Por otro lado, se encuentra la escalada de la democracia en la manera de organización social para la toma de decisiones. Aquí se pusieron en contexto organizaciones partidistas, campesinas, obreras, estudiantiles, profesionistas, pro-derechos humanos, etc. que convivían a la par con la hegemonía militar. No obstante, fue gracias a la Iglesia que se logró introducir e instaurar la democracia entre la sociedad, ya que contaron con una mejor estructura organizativa y tuvieron mayor respuesta de la población. 

La Iglesia comenzó a difundir entre la población la lucha por la vida digna y la visibilización de la pobreza, por lo que logra un acercamiento estrecho con la sociedad enlazándose socioeconómicamente y asumiendo el rol de vínculo asistencial para distribuir pertinentemente los recursos económicos enviados por organismos internacionales hacia la isla. Paralelamente en Haití, el primer presidente elegido por elecciones democráticas, Jean-Bertrand Aristide, del partido Organización del Pueblo en Lucha, se encontraba en negociaciones con la ONU para solicitar misiones de paz en la región que lo llevaron a implementar ciertas reformas que disolvieron al ejército para convertirlo en el cuerpo de policía.   

Ni siquiera durante sus primeros años con régimen democrático en Haití se presentaron cambios sustanciales en la población puesto que las estructuras del Estado se encontraban fuertemente debilitadas gracias a la constante intervención de agentes y organismos tanto nacionales como internacionales; al mismo tiempo los distintos sectores de la población como los campesinos, obreros, estudiantes, ONGS e inclusive la Iglesia, se mantenían en una lucha estructural por la previa reducción orquestada por los militares. 

Haití se vio en la necesidad de aceptar la intervención estadounidense mediante la implementación de políticas económicas neoliberales y del proyecto Lavalas, poniendo como prioridad a las necesidades de zonas rurales y urbanas, al campesinado, el sector informal y pequeños sectores industriales. El proyecto neoliberal con la apertura comercial comenzó a enfatizar el apoyo en los sectores empresariales locales y extranjeros, desplazando a la gran mayoría de la población que subsiste del trabajo informal.

Las elecciones de 1997 rompieron abiertamente con la poca estabilidad aún presente en el país e instauraron una crisis política, puesto que los partidos de oposición fueron excluidos de este proceso democrático y se presentaron incongruencias electorales que se llevaron en materia de denuncia hacia instancias de la OEA y la ONU. A partir de este momento la violencia contra funcionarios públicos comenzó a escalar sumada a la inestabilidad socioeconómica de la población.

El siglo XXI no inicia de la mejor manera para la comunidad haitiana ya que todos los representantes del Estado fueron señalados de cometer actos desleales; la legitimidad venía debilitándose desde décadas anteriores y se ausentó completamente tras las elecciones del 2001 en donde Aristide vuelve a tomar la presidencia siendo desconocido por la oposición, así como por actores internacionales como Estados Unidos y la ONU. La salida de Aristide en 2006 significó una intervención por parte de Estados Unidos y Francia a través de la instalación de una fuerza de ocupación en la isla con la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), conformada por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Los presidentes sucesores en Haití instauraron reformas liberales con el fin de mejorar la situación socioeconómica del país, a pesar de que la esfera política seguía siendo cuestionada por gran parte de la población. Sin embargo, todos estos se han visto sobrepasados puesto que han tenido que reconstruir al país, al pie de la expresión, debido a la presencia de fuertes desastres naturales como terremotos e inundaciones que no han hecho más que aumentar los índices de marginación. Gran parte de su población se enfrenta a problemas económicos, sociales, políticos, así como el incremento de los índices de violencia por el auge de las pandillas en Puerto Príncipe. La alta de la inflación, la pobreza, la escasez de alimento, de combustible, la falta de acceso a la salud y la educación, ha dejado al país en una fase crítica del subdesarrollo.

Para rematar, en 2021 fue asesinado el entonces presidente Jovenel Moise, dejando a cargo del país a su primer ministro Youri Latoure. A pesar de la crisis, Latoure manifestó que seguirá con la propuesta establecida por Moise de llevar a cabo una reforma constitucional que busca suprimir al Senado y dejar un solo centro de poder -el presidente- ligado a un órgano legislativo, e introducir el puesto de vicepresidente. Una propuesta considerada como la mayor reorganización de gobierno para el país haitiano en décadas.