Por: Martin Elías Robles

VAMOS POR BUEN CAMINO

     Qué tal, amigo lector: le cuento que la semana pasada, al término de la conferencia mañanera del gobernador. Miguel Ángel Navarro Quintero, cuando el mandatario cruzaba las columnas que engalanan la entrada principal de Palacio de Gobierno, hoy Casa del Pueblo, un joven se le acercó para pedirle le otorgara un permiso de alcoholes; era un muchacho con algún tipo de discapacidad, pues su lenguaje resultaba poco entendible. Yo supuse que tal vez alguien le aconsejó contactara al gobernador para tratar de conseguir el mentado permiso.   El doctor le expresó que con eso no le ayudaba, que le pidiera otro tipo de apoyo, finalmente no supe de qué manera se le tendió la mano al joven, porque la intención de ayudarlo siempre estuvo de manifiesto. También un grupo de niños, y una señora pudieron tranquilamente abordar al gobernador que no tuvo ninguna objeción en atenderlos; así es la cercanía de Navarro Quintero con su pueblo. Don Miguel ha ido de las palabras a los hechos positivos, y eso es bueno en una sociedad que ha visto pasar gobiernos realmente groseros, mentirosos, inhumanos, corruptos y chapuceros como el que recién concluyó, donde tanta gente fue tratada con la punta del pie por funcionarios prepotentes e insensibles. Hoy me entero que el gobernador cubre a diario una agenda muy importante; lo mismo en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que en la Secretaría de Hacienda, con la oficina de Bienestar, como en la Secretaría de Gobernación; atento se mueve en la zona siniestrada del norte de Nayarit, como también atiende con prontitud las conferencias como no lo hacían otros gobernadores en atención a los medios de comunicación. A dos meses de tomar las riendas de la tierra Cora, Miguel Ángel Navarro Quintero, hace efectivo su compromiso de trabajo, honestidad y justicia con los nayaritas. Vamos por buen camino, ojalá que así sigamos… A PROPÓSITO DEL DÍA DE MUERTOS. Es perfectamente entendible el miedo y la preocupación que todas las personas experimentamos ante un hecho como el de enfrentar la muerte, aún a sabiendas que desde el mismo día en que nacemos, es exactamente lo más seguro que tendremos por transitar. Mire usted, la vida nos puede llevar por diferentes direcciones en las que nuestro real comportamiento juega un papel importante, ya sea para alcanzar la plena felicidad, o la desgracia de una vivencia amarga. Si las palabras de Amado Nervo son sabias, de alguna manera u otra, seremos arquitectos de nuestro propio destino. Pero el caminito al más allá, de la forma que sea, no lo podremos evitar. Hay para quienes pensar en la muerte puede sonar aterrador, y para quienes como yo, nos preocupa profundamente de qué manera terminarán nuestros días; si en una acción violenta, alguna enfermedad paralizante, o tranquilamente en el sueño de los justos.  Sobre este enigmático asunto tan natural y a la vez estresante, a lo largo de la vida me ha tocado, como a todos, supongo, conocer de historias que describen muy bien este irremediable destino fatal que nos alcanza tarde que temprano. Verá; hace años cuando viví por un tiempo en el estado de Tamaulipas, a una de mis maestras de educación secundaria la muerte le jugó una mala pasada; recuerdo que a ella nunca le gustó ir a balneario alguno por temor a morir ahogada, nunca pisó la arena del mar, ni las piedras de los ríos, pero para su desgracia, un mal día vino a dejar el mundo cuando tropezó en el baño de su casa y murió…     UNA DE FANTASMAS. Corría el año de 1996, cuando mi hermano Mayo y su servidor preparábamos un disco para BMG, ARIOLA, de tal modo que permanentemente teníamos que estar acudiendo a la compañía para arreglar algunos detalles relacionados con la grabación. En ese tiempo tuve la oportunidad de conocer a un agradable señor llamado Guillermo Barrera, quien por muchos años había tenido un puesto como director artístico en la empresa discográfica, pero que ya por su avanzada edad estaba dedicado al trabajo de repertorista para las ediciones especiales del catálogo musical. El Ingeniero Barrera desde que me conoció aseguró que mi persona mucho le recordaba al gran compositor José Alfredo Jiménez, a quien tuvo la oportunidad de dirigir en los inicios de su carrera artística; nunca me dijo don Guillermo de qué manera me relacionaba con el artista, supongo que tal vez se refería al carácter bonachón que según la gente poseo.  Un día, después de un buen tiempo de no ir a la oficina, me presenté para firmar unos documentos, y a la entrada, en la recepción, saludé al Ingeniero Barrera, fue una conversación corta porque ya me esperaba el director artístico de la compañía; así enfilé a la elegante segunda planta del edificio donde platiqué un rato con el extraordinario director; bueno, el caso es que una vez firmados los documentos me despedí de él, no sin antes comentarle que en la recepción había saludado a don Guillermo Barrera; el ejecutivo se me quedó viendo con cara de incredulidad, y me preguntó inmediatamente, ¿Saludaste al Ingeniero Barrera? Eso es imposible, el ingeniero murió hace tres meses. Me quedé helado, paralizado, con los pelos de punta como dicen en mi rancho. robleslaopinion@hotmail.com